Al diseñar nuestros sistemas de mobiliario – especialmente las cocinas – ponemos en primer plano el confort, la ergonomía y la funcionalidad. La cocina es uno de los espacios más utilizados del hogar y merece ser diseñada con inteligencia para ofrecer practicidad sin perder el estilo.
Quienes realicen el proyecto ejecutivo deben tener en cuenta ciertas buenas prácticas de diseño para asegurar que este espacio sea eficiente, acogedor y cómodo para su uso diario.
Una disposición ideal para una cocina práctica
Una cocina bien organizada facilita cada movimiento y reduce el estrés relacionado con las tareas cotidianas. Es fundamental gestionar adecuadamente las tres áreas funcionales principales:
• Conservación (despensa, refrigerador)
• Lavado (fregadero, lavavajillas)
• Cocción (placa de cocina)
Estas áreas deben ubicarse siguiendo el principio del triángulo de trabajo, manteniendo una distancia total entre sus lados que no supere los 650 cm. Además, la incorporación de superficies intermedias entre una zona y otra incrementa la comodidad y ergonomía general.
Organización inteligente del espacio

1. Espacio de trabajo
Se necesitan al menos 135 cm entre la mesa y la base de la cocina para permitir una apertura cómoda de puertas y cajones.

2. Superficies de trabajo
La separación entre las encimeras y los elementos frontales debe contemplar el espacio suficiente para moverse y abrir los electrodomésticos.

3. Lavavajillas
Se recomienda dejar un espacio libre de al menos 100 cm frente a la puerta para facilitar su uso.

4. Zona de comedor
Para un paso cómodo detrás de las sillas, es ideal dejar una distancia de 120 cm desde la mesa hasta paredes u otros obstáculos. Si el área no es de paso, 90 cm resultan suficientes.

Planificar la cocina con cuidado significa crear un espacio donde la funcionalidad y el bienestar cotidiano conviven en perfecta armonía.